Ensayos y crónicas bilingües sobre fronteras y pertenencia//Bilingual essays and chronicles of borders and belonging

Un hijo no nace de nosotros, nace para nosotros.
Su presencia no prolonga la vida: la purifica.
En ellos, el universo se explica sin palabras.

En inglés, el sufijo “-ing” se usa para formar lo que se conoce como gerundio o participio presente.
Gramaticalmente, ese sufijo convierte un verbo —una acción concreta— en algo que no termina, algo que permanece en curso.

Por ejemplo:
to love → loving (amar → amando)
to live → living (vivir → viviendo)
to write → writing (escribir → escribiendo)

El “-ing” es una manera de extender la acción en el tiempo, una forma de decir que algo sigue sucediendo, que aún respira.
Por eso, más allá de la gramática, el “ing” encierra una verdad espiritual:
nada verdaderamente vivo se conjuga en pasado.

Las cosas que importan —las que nos cambian, las que nos elevan—
no se definen por haber ocurrido, sino por seguir ocurriendo:
loving, learning, forgiving, creating.
(Amando, aprendiendo, perdonando, creando).

Fue así como un día, mientras observaba a mi hija dormir, comprendí que mi verbo favorito no existía en ningún idioma conocido.
Decidí llamarlo Emming.
Era la unión de mi nombre y el suyo —Emma—,
pero también una manera de expresar que mi existencia y mi amor por ella son un proceso continuo,
un verbo sin punto final, una oración sin cierre.

Porque ser padre no es un sustantivo, es un verbo que se reinventa a diario.
No se trata de “haber sido”, sino de seguir siendo.
Cada día que amanece con ella es un nuevo presente continuo:
un being (siendo), un loving (amando), un learning (aprendiendo).
Y en ese ciclo constante, la paternidad se convierte en un arte que se conjuga con ternura, atención y paciencia.

Ralph Waldo Emerson escribió:
“Men are what their mothers made them.” (Los hombres son lo que sus madres hicieron de ellos.)
Y mientras observo a Emma crecer, comprendo que también los padres se hacen a sí mismos a través de sus hijos.
Ser padre no es imponer una forma, sino dejarse moldear por el amor que uno guía;
es aprender de esa pequeña presencia que, sin decirlo, lo enseña todo.

Emming es, en el fondo, mi manera de conjugar la vida como gratitud.
No significa solo ser padre, sino ser presencia,
escribir con ella en el corazón
y entender que cada palabra puede ser una forma de amor.

Y es aquí donde el “ing” revela su maravilla:
no pertenece a un idioma, sino a una vibración universal.
En el contexto de este intento de literatura,
lo extraordinario del uso del “ing”
es que puede abrazar cualquier nombre,
cualquier pequeña o pequeño que nos haya llevado a ese lugar
donde el universo nos concede el acceso
a sus energías inagotables e inexplicables.

Porque, al final, eso somos todos:
seres en conjugación constante, fragmentos en movimiento,
padres, hijos, amantes, creadores, buscadores,
todos intentando hablar el idioma invisible del presente eterno.


Discover more from Emiliano del Refugio

Subscribe to get the latest posts sent to your email.

Deja un comentario

Discover more from Emiliano del Refugio

Subscribe now to keep reading and get access to the full archive.

Continue reading

Discover more from Emiliano del Refugio

Subscribe now to keep reading and get access to the full archive.

Continue reading